domingo, 3 de enero de 2010

Urreako Haitza




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Urreako Haitza (784 m) normal de Azkarate. Valle de Araitz-Aralar, Montaña Vasca

Estupendo y entrañable segundo día del año en Azkarate. Incluído ascenso al Urreako Haitza, el hermano pequeño del Balerdi, que nos queda aun grande para las ascensiones primerizas.

Una pareja de buitres pasaban la resca de Nochevieja en la cresta cimera. Igual esperaban pillar un bocado, pero no les dimos el gusto. Así que, respirando hondamente los aires de este tierno y juvenil 2010, coronamos felizmente el citado picacho.

Y yo, en la cumbre, hinchado, en compañía de Eider y de Aimar, más animados que nunca al subir a un monte. Lo cualo, para mí, y como dice el monarca, es "motivo de orgullo y satisfacción".

Así pues, creo que puedo afirmar, que nos ganamos el premio que se ve abajo.

 

Heredia. Barrundia, Llanada Alavesa

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Ilun, a nuestro encuentro

domingo, 20 de diciembre de 2009

Uzkuiti Ganbo


Uzkuiti (1332 m)-Ganbo (1412 m) travesía Muitze-Alotza. Aralar, Montaña Vasca




El sol anaranja la gran muralla de Aizkorri. Esto promete. En el interior de la Sierra de Aralar pululan las nubes, pero durante la mañana ellas son buenas y se evaporan.

Dos montes nuevos, recorridos con la misma ilusión de mis primeras visitas a Aralar en EGB.

Lo demás, el mismo y revitalizante menú de siempre: Amigos, paisajes, alguna que otra penalidad propia de esta afición, la recompensa espiritual y la recompensa material final, esta vez en forma de alubias con morcilla.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Tai-Chi 2009-2010

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practicando el movimiento "la grulla extiende sus alas" en la cima del Pic Aule.
Ya se me veían las maneras.


No pretenderé ahora tratar de explicar qué es el Tai-Chi (quizá a fin de curso), pero me gusta.

Anclar el cuerpo a la tierra a la vez que elevas la mente. Equilibrio, principio y fin, armonía.

Ya estoy en plan pretencioso. Corto y cierro.

Artista txikien txokoa



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viernes, 11 de diciembre de 2009

Santuario de Arantzazu-sendero Gomiztegi. Aizkorri, Montaña Vasca



Qué decir de Arantzazu, un lugar tan especial. En este adorable rincón de Gipuzkoa, se da una mezcla indisoluble de arte, espiritualidad y naturaleza.

Aquí también tengo que dar gracias a mis aitas, por haberme llevado de pequeño allí varias veces. En autobús, que en mi casa nunca hubo coche.

Los Franciscanos de Arantzazu, cuando ordenaron la reconstrucción del Santuario, dejaron hacer a algunos de los más grandes artistas de la época: Oteiza, Sáenz de Oiza, Lucio Muñoz, Basterretxea, Laorga, Chillida, ...

Hubo, cómo no, durante aquellos años, unas interesantísimas disputas entre frailes y artistas (la cripta, por ejemplo, se ha inaugurado de manera definitiva hace cuatro días, como quien dice). Una lucha entre lo antiguo y lo moderno, entre ópticas avanzadas y menos avanzadas, entre iglesia, sociedad civil y políticos... un El Nombre de la Rosa en potencia.

En Arantzazu hay una romería anual desde Oñati que es muy popular. Están los Franciscanos, esos frailes euskaldunes con estética Star Wars (perdón por la frivolidad) desde el año 1.514. El enorme retablo del ábside es de madera africana, la fachada nos recibe con 14 apóstoles, y la cripta la preside un Cristo crucificado de color rojo.

Hay mil y un senderos que suben a las crestas de Aloña, de Aizkorri, de Elgea, a los prados de Urbia. Si te va la bici, te puedes pegar un buen calentón subiendo a ritmo desde Oñati.

Hay chavalas junto a ancianas vendiendo queso de oveja, las míticas rosquillas de anís, pan de hogaza. Hay un hotel, bares, oficina de turismo, y hasta una Fundación. Hay un precioso sendero en balcón, de unos 4 km., adaptado para ciegos y completamente accesible en silla de ruedas.

Las misas de los domingos llenan la iglesia, el gran Peio Zabala da la previsión estacional según las témporas, y hasta puedes llevar tu coche nuevo a que te lo bendigan.

The Glenn Miller Orchestra

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Las músicas que más ponía mi aita en casa cuando yo era pequeño, eran: Mejicanadas, trikitixas, y jazz. No está mal. Yo creo que, por fortuna para mí, aquello me ayudó mucho a conformar mis gustos musicales de juventud.

Se escuchaba mucho a Glenn Miller, con esa elegante manera de adaptar la poderosa música negra en bruto, al gusto de las clases medias (mayoritariamente blancas) norteamericanas. Ejemplos de ese pragmatismo inteligente hay muchos en la historia de la música popular.

Por eso, teniendo por un lado el anuncio en el periódico del concierto, y por otro, el aniversario de boda de mis aitas, no había por qué devanarse mucho los sesos para elegir el regalito.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Alegia-Tolosa. Valle del Oria, Gipuzkoa


Observo con felicidad ciudadana, la proliferación y consiguiente éxito de público, de bide-gorris, vías verdes, senderos accesibles y carriles ciclables y peatonales por nuestra geografía.

Nuestra querida N-I, una vez descongestionada al construirse la autovía, alberga, que yo sepa al menos entre Legorreta y Tolosa, una ruta por la que ciclistas y paseantes mueven sus cachas arriba y abajo.

Nosotros hicimos solo el tramo Alegia-Tolosa, por aquello de curarse en salud; llevamos niños que a veces vienen ya cansados desde casa.

Nos calentamos con un café en esa villa antiguamente conocida como Alegría de Oria, uno de esos pueblos oscuros de estos nuestros valles cantábricos (lo digo por lo de las nubes).

La ruta es sencillísima y transcurre en todo momento junto al Oria. Intentamos, no se si con éxito, que los niños se quedaran con el nombre de valle y río. Al fin y al cabo, es el valle que casi siempre nos lleva a casa, aunque luego el curso del río, que es muy suyo, va y se desvía hasta Orio.

En Tolosa celebraban la semana de la chuleta. ¿Cuántes semanas de celebraciones tienen los tolosarras al año? No saben nada, estos.