viernes, 19 de junio de 2009

lunes, 8 de junio de 2009

Cristina Enea, Bioterra y el Drácula de Coppola



En la por nunca jamás superable versión de Coppola del Drácula de Bram Stoker (muy recomendables ambas novela y película), hay una escena concreta en la que el Director emplea las formas y colores de las plumas de la cola de un pavo real para transitar a la siguiente escena. Esta foto de nuestro paso por el cuenta-cuentos de Cristina Enea me lo ha recordado (al que le interese, esperar al minuto 7:50 del video).


La maravillosa peli en cuestión la llegué a comprar, pero, ¡oh!, en VHS, por lo que ahora estará en algún rincón olvidada, al modo en que acabara "el Arca de la Alianza" en la escena final de la 1ª parte de "Indiana Jones".

Hay otra escena, más avanzado el film, en la que el inmortal Conde le recita a su amada la paradigmática frase de amor "... he atravesado océanos de tiempo para encontrarte..."


El caso es que esta frase también me vino a la mente cuando contemplé esta descomunal paella, el domingo, en Ficoba (Irun). Adaptándola, propongo la siguiente versión:

- "... he atravesado oceános de biológica paella para encontrarte..."

miércoles, 3 de junio de 2009

Adarra

Posted by Picasa

Arano, arquitectura infantil

Siempre me paro un momento más de lo habitual al observar fotos de los libros de rutas que reflejan la montaña al atardecer. Todo parece más... es como si todo lo que tuvo que ocurrir durante el día ya hubiera ocurrido, y el tiempo que quedara hasta el anochecer fuese simplemente un regalo añadido.

Lo que ocurre es que tal vez los libros sean como las películas, que ves cosas que no son muy reales. ¿Cuántas veces he podido yo estar en una cima contemplando el cielo rojizo de las últimas luces?

Desde pequeño a uno le enseñan que hay que madrugar para ir al monte, siendo ésta una de las aseveraciones que más calaron en mí como montañero.

Por eso uno disfruta tanto de la cima del Adarra a las ocho y media de una tarde de junio.

lunes, 1 de junio de 2009

Bertizarana


Desafío Extremo en Donamaria

Una cosa me ha quedado bastante clara tras esta salida: Que todos los baserritarras de Bertizarana, de Malerreka, de Leitza y de Areso se han puesto de acuerdo (cómo, ¿por internet?) para cortar y recoger a la vez toda la hierba de los prados de estos valles. El olor que deja el corte me encanta, y siempre me recuerda a aquel ascenso primaveral en bici a Bianditz...

A Bertiz habrá que volver a patear bien el bosque; subir hasta el Palacio de Aizkolegi, tal vez.
En la posada de Donamaria se puede organizar una bonita comida con la koadrilla (tienen una mesa redonda enorme en la sala-terraza).

La carretera Urrotz-Beintza-Labaien es ideal para hacerla en bici. Y las vistas que ofrece sobre las poblaciones y el Mendaur son de lujo. Eso hay que saborearlo despacio.

Puente de Erreparazea sobre el Bidasoa

En Areso el ambiente era baserritarra a tope: En menos de 10' pasaron delante nuestro un rebaño de ovejas, un ¡mulo! tirando de un carro repleto de hierba, y dos pequeños tractores cargados del mismo verde elemento.

lunes, 25 de mayo de 2009

"Aura". Teatro de la Zarzuela, Madrid


No muy a menudo tiene uno la oportunidad de anotar que un compañero de trabajo suyo estrena una Ópera. ¡Suerte!

domingo, 17 de mayo de 2009

Pic d'Aule (2392 m)


la palpable constatación de que la ruta es "salvaje"

Pic d'Aule (2392 m) vía del Lac d'Er. Vallée d'Ossau, Pirineos

Nuestra intención era hacer el Pic Gazies 2457 desde Bious Oumette (Gabas), pero cual fue nuestra sorpresa al ver la barrera de acceso bajada (los gestores no quieren aun una afluencia masiva al idílico entorno de Bious-Artigues).

¿Qué hacer? Tenemos dos planes "B", pero, por supuesto, elegimos el más duro de los dos.
La ruta en cuestión es una de las joyas escondidas de los libros M. Angulo (Pirineos II), aquellas que habla de picos y valles "sin nombre", pero que hizo/hace muy bien en editar.

Desde la cota 971 a un km. al Norte de Gabas (pequeño parking, mesa), sale un sendero que recorre (bellamente) y asciende (brutalmente) el tupido y húmedo bosque de Biscau (bois de Biscau). Se sale a un enorme claro al pie del Pic de Biscau (paraje solitario y con unas vistas al valle y al Lurien bestiales). En este lugar debía haber majadas pastoriles, lo que resulta alucinante.

El sendero contornea ahora, hacia la derecha, la "crête de Ayguebère", con la idea en la cabeza de encontrar el lago de Er, al pie del objetivo del día. La nieve hace acto de presencia; el volumen acumulado aun en el bosque llama la atención.

En el instante de salir del bosque, en el lugar donde pensábamos encontrar el pequeño ibón de Er, mi compa me dice:

-"Mira, por aquí ha pasado alguien".

Diez segundos después me dice "mira qué huella".

Me acerco y descubro maravillado una clara y rotunda huella de plantígrado. Un oso ha pasado por aquí, en sentido opuesto al nuestro. O sea que, efectivamente, había pasado alguien. Y digo "alguien", porque a un animal tan noble, el "tope de gama" del ecosistema de la montaña pirenaica, no es sólo "algo".

Es emocionante; el hallazgo es un gran regalo añadido al disfrute propio de la actividad montañera. Creo que era un buen ejemplar, y solo ruego que lo dejemos vivir muchos años y que pueda engendrar o tener descendencia.

Los siguientes minutos los pasamos sacando fotos a las huellas (muy profusas y claras), y girando el cuello más de lo normal, no fuera a ser que anduviera aun por allí.

Me decía mi amigo:

-"Si te encuentras con un oso, ¿qué hay que hacer?"
Yo no tenía mucha idea, pero, por imaginar, me imaginaba a mí mismo...
  • dándole en la tripita con el bastón telescópico,
  • corriendo por la nieve como un loco,
  • quedándome "estatua",
  • hablando alto para que se asustara ("vete, oso"/"allez allez, ours").
Las fantasías faunísticas se olvidaron rápido al emprender de nuevo la ruta, que consistía básicamente en subir y subir, sin zonas de descanso.

Equivocamos la ruta, lo que nos supuso una pérdida de tiempo y fuerzas. Nos metimos en una empinada comba que bajaba del Pi d'Er. Por suerte, mi compa pudo alcanzar a ver el lago de Er, lo que nos daba la clave de la ruta.

Alcanzamos el coqueto y escondidísimo ibón (1764 m), con la paranoia de que me iba a dar la pájara (teníamos agua y barritas racionadas, por olvido).
Las rampas no se acababan nunca, y además no teníamos claro cuál era el famoso Pico Aule.
Y pensar en subir allá arriba y tener que bajar otra vez por la "ruta del oso" me provocaba tembleque en las piernas.

Sin embargo, el uso del mapa dio sus frutos, y se hizo la luz:

-"Si aquí está el lago... y allí está el Midi, ..., el Aule es ese".

Y fue aquel, sí, pero joder qué lejos estaba aun. Sufrí como un perro para llegar a cima.

En la cumbre, vistas de lujo, un poco de Acuarius y media barrita Powerbar sabor plátano. ¡Quién puede pedir más!



"Jean Pierre", señor del valle

El descenso por la vertiente Sur del pico nos ofrecía la bonita posibilidad de realizar un bucle y efectuar una bajada mucho más cómoda y "civilizada" que la peculiar subida. Además, las vistas a la vertiente NE del Midi d'Ossau le proporcionaban a la ruta un telón de fondo grandioso.

Desde Bious-Oumette, vacío de turistas, recorrimos por asfalto (alucinando con los aludes caídos a izquierda y derecha) los cinco kilómetros de recorrido hasta el coche.

Resumen: Ruta muy recomendada para montañeros pelín animados. Aquí, más fotos.