martes, 3 de noviembre de 2009

Sin niños en Bilbao


Después del paseo por Izki y la comida en Gasteiz, los astros se unieron para que pudiera pasar con B la tarde-noche y la mañana siguiente en Bilbao. Solos.

Ella venía de Santander, de un congreso, y yo desde Gasteiz, de un candoroso inento al Soila.

Bilbao es una gran ciudad. No es Berlin, aunque sí es una ciudad densa que ofrece, a los giputxis con pocos prejuicios (prejuicios siempre los hay), una interesante visita.

Nada más llegar fuimos a casa de J & J, en la Paza de la Casilla. Judith, casualmente, asistía con una amiga al ballet cubano en el Euskalduna. Las acompañamos.

Para entonces, y gracias al marido de Judith, ya teníamos asegurado el acceso libre esa misma noche al partido en San Mamés, y dos invitaciones para el Guggenheim para el día siguiente. Habíamos aterrizado con la ambiciosa idea de ver en la misma mañana la exposición sobre el arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright en el Gugg., y la de Murillo en el Bellas Artes.

Cenamos en plan modosito pero efectivo, en "La taberna de los Mundos". Para el café encontramos un pub de lo más molón con una camarera de lo más molona. Mientras todo el mundo veía el partido por la tele, o en el propio campo, allí estaba yo con B, disfrutando del cortado y del Etxeko sin hielo y en tremendo copazo. La chavala de la barra hasta nos invitó a un chupito (¿por qué no me ha pasado esto nunca en Donosti?).

Llegamos a San Mamés justo antes de que finalizara la primera parte. Todo "iba bien": El Athletic ganaba 1-0 al pupas, el Atlético de Madrid, con recién estrenado entrenador. El ambiente era tremendo, como era de esperar. El emplazamiento de las localidades era de lujo; estábamos muy cerca del palco (estábamos muy cerca de los presidentes de ambos clubs, y de un personaje aun mucho mucho más importante que ellos: Javier Clemente). ¡Hay que ser un donostiarra muy tolerante para digerir todo aquello!

A pesar de lo bueno que es Forlán, el partido finalizó con el marcador igual: 1-0. Se pudo oir un brutal resoplido de desahogo al final de los 90 minutos. Pensé el drama que podría suponer allí bajar a Segunda. Inimaginable.

Atravesamos todo el Centro para volver al hotel, junto al Nervión. Otro bonito paseo.

El domingo amaneció con el mismo bochornazo; la lluvia no llegaba. Tampoco había prisa. Fuimos directos al museo/fenómeno de masas de Frank Ghery. Como decía, sólo nos gastamos los 2 € de la audio-guía.

La exposición sobre Lloyd Wright es potente, profusa e interesante. Imagino que los estudiantes de arquitectura acudirán corriendo a verla. Un gran arquitecto, visionario y con un punto utópico y hasta inocente.

Estaba claro que al Bellas Artes ya no íbamos a ir. La audio-guía (de gran calidad) había hecho la visita más lenta y enriquecedora de lo habitual en otras visitas a museos, y nos apeteció más acercarnos a Las Arenas, a ver el "Puente de Bizkaia", el famoso puente colgante que une las orillas de la ría entre Las Arenas y Portugalete, y que ha sido el primer monumento de origen industrial en ser nombrado "Patrimonio de la Unesco" en toda España.

Unas cuantas fotos después, y tras comer un pintxo en un "bar de barrio" en Portugalete, tomamos el metro de vuelta a Bilbao.

Tras retirar nuestras mochilas, terminamos nuestro turisteo con un viaje en el tranvía desde el puente de Calatrava hasta la estación de Termibus. Y aquella noche, llegó la lluvia, y llegó en tromba.

4 comentarios:

jefoce dijo...

Oye, pues un buen fin de semana ¿no? Yo tengo un gran recuerdo de Bilbao, allí pase seis años de mi vida adolescente-estudiantil y puedo decir sin rubor alguno que fue el comienzo de una gran amistad. Me ha faltado ver una foto de la camarera:-) y, sobre todo, me ha faltado saber qué paso en Izki...

Alberto dijo...

Así se empieza, y se termina como Diez de Zero & cia. :-)

iK dijo...

Nada nada, lo que te decía: Como estos dos "quieren jugar en 1ª División", el año que viene volverán a la Real, jajaja.

Sergio dijo...

Yo no me puedo quejar de los de Bilbao (cuando se vaya mi mujer, sí que podré).