lunes, 25 de mayo de 2009

"Aura". Teatro de la Zarzuela, Madrid


No muy a menudo tiene uno la oportunidad de anotar que un compañero de trabajo suyo estrena una Ópera. ¡Suerte!

domingo, 17 de mayo de 2009

Pic d'Aule 2392 vía del Lac d'Er. Vallée d'Ossau, Pirineos

la palpable constatación de que la ruta es "salvaje"

Nuestra intención era hacer el Pic Gazies 2457 desde Bious Oumette (Gabas), pero cual fue nuestra sorpresa al ver la barrera de acceso bajada (los gestores no quieren aun una afluencia masiva al idílico entorno de Bious-Artigues).
¿Qué hacer? Tenemos dos planes "B", pero, por supuesto, elegimos el más duro de los dos.
La ruta en cuestión es una de las joyas escondidas de los libros M. Angulo (Pirineos II), aquellas que habla de picos y valles "sin nombre", pero que hizo/hace muy bien en editar.

Desde la cota 971 a un km. al Norte de Gabas (pequeño parking, mesa), sale un sendero que recorre (bellamente) y asciende (brutalmente) el tupido y húmedo bosque de Biscau (bois de Biscau). Se sale a un enorme claro al pie del Pic de Biscau (paraje solitario y con unas vistas al valle y al Lurien bestiales). En este lugar debía haber majadas pastoriles, lo que resulta alucinante. El sendero contornea ahora, hacia la derecha, la "crête de Ayguebère", con la idea en la cabeza de encontrar el lago de Er, al pie del objetivo del día. La nieve hace acto de presencia; el volumen acumulado aun en el bosque llama la atención.

En el instante de salir del bosque, en el lugar donde pensábamos encontrar el pequeño ibón de Er, mi compa me dice:
-"Mira, por aquí ha pasado alguien".
Diez segundos después me dice "mira qué huella".
Me acerco y descubro maravillado una clara y rotunda huella de plantígrado. Un oso ha pasado por aquí, en sentido opuesto al nuestro. O sea que, efectivamente, había pasado alguien. Y digo "alguien", porque a un animal tan noble, el "tope de gama" del ecosistema de la montaña pirenaica, no es sólo "algo".
Es emocionante; el hallazgo es un gran regalo añadido al disfrute propio de la actividad montañera. Creo que era un buen ejemplar, y solo ruego que lo dejemos vivir muchos años y que pueda engendrar o tener descendencia.
Los siguientes minutos los pasamos sacando fotos a las huellas (muy profusas y claras), y girando el cuello más de lo normal, no fuera a ser que anduviera aun por allí.
Me decía mi amigo:
-"Si te encuentras con un oso, ¿qué hay que hacer?"
Yo no tenía mucha idea, pero, por imaginar, me imaginaba a mí mismo...
  • dándole en la tripita con el bastón telescópico,
  • corriendo por la nieve como un loco,
  • quedándome "estatua",
  • hablando alto para que se asustara ("vete, oso"/"allez allez, ours").
Las fantasías faunísticas se olvidaron rápido al emprender de nuevo la ruta, que consistía básicamente en subir y subir, sin zonas de descanso.

Equivocamos la ruta, lo que nos supuso una pérdida de tiempo y fuerzas. Nos metimos en una empinada comba que bajaba del Pi d'Er. Por suerte, mi compa pudo alcanzar a ver el lago de Er, lo que nos daba la clave de la ruta.
Alcanzamos el coqueto y escondidísimo ibón (1764 m), con la paranoia de que me iba a dar la pájara (teníamos agua y barritas racionadas, por olvido).
Las rampas no se acababan nunca, y además no teníamos claro cuál era el famoso Pico Aule.
Y pensar en subir allá arriba y tener que bajar otra vez por la "ruta del oso" me provocaba tembleque en las piernas.
Sin embargo, el uso del mapa dio sus frutos, y se hizo la luz:
-"Si aquí está el lago... y allí está el Midi, ..., el Aule es ese".
Y fue aquel, sí, pero joder qué lejos estaba aun.
Sufrí como un perro para llegar a cima.

En la cumbre, vistas de lujo, un poco de Acuarius y media barrita Powerbar sabor plátano. ¡Quién puede pedir más!


"Jean Pierre", señor del valle

El descenso por la vertiente Sur del pico nos ofrecía la bonita posibilidad de realizar un bucle y efectuar una bajada mucho más cómoda y "civilizada" que la peculiar subida. Además, las vistas a la vertiente NE del Midi d'Ossau le proporcionaban a la ruta un telón de fondo grandioso.
Desde Bious-Oumette, vacío de turistas, recorrimos por asfalto (alucinando con los aludes caídos a izquierda y derecha) los cinco kilómetros de recorrido hasta el coche.

Resumen: Ruta muy recomendada para montañeros pelín animados. Aquí, más fotos.

sábado, 9 de mayo de 2009

Arritxo 560, Lezaeta. Valle de Araitz, Montaña Vasca


Me permito evitarme el trabajo de pensar el texto, pero me tomo el de copiar el siguiente; del libro "Adarra-Uzturre, tomo II" (J.M. Ansa, ed. Sendoa):

"... a la modesta cumbre de Arritxo (560 m), aventajado balcón sobre el Araxes y Malloak, un tanto empequeñecido por las desmesuradas proporciones de Elosta. Es verdad que todas las cimas, por muy insignificantes que sean, siempre presentan alguna curiosidad que las hace diferentes a las demás. La de Arritxo no es una excepción. Su vertiente meridional, casi cortada a pico sobre el Araxes, está cubierta por un frondoso bosque de encinas en el que la mayoría de sus hojas carecen de los característicos dientes punzantes. A esta variedad la denominan los nativos en euskara "ziga", apelativo que ha dado origen a la propia toponimia del bosque, conocido comúnmente como "Beteluko zigaria". La zona ha sido declarada como "Enclave Natural" dada su singularidad, pues resulta mucho más típica de las zonas mediterráneas. En realidad, este encinar cantábrico está considerado como un relicto de edades pretéritas en las que el clima era más seco que el actual. Su pervivencia ha sido posible en lugares de afloramientos calizos, preferentemente soleados y con fuertes pendientes, en los que los suelos permacen secos debido a la infiltración y el rápido drenaje"
.

He pasado un rato tan agradable en esta cima, y me ha sorprendido tanto la configuración del terreno y la ubicación del citado bosque sobre él, que me ha parecido oportuna una explicación "seria" sobre el mismo.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Laguna de Gallocanta. Campo de Daroca, Sistema Ibérico


La Laguna de Pitillas fue a la de Gallocanta lo que el Baruntse al Makalu para los Iñurra-Zabalza-Vallejo, vamos, un entrenamiento.

La autovía Mudéjar (A-23) nos interna cómodamente en en el interior de Aragón.
Vamos a inundar aun más Gallocanta: somos 24 (de los cuales, 12 son niños).

Comemos en Daroca, bonito pueblo del Valle del Jiloca. Estos valles desdibujados en zonas mesetarias hacen siempre que me pregunte "hacia dónde va el agua; en que cuenca desaguará", ya que el sentido no es nada claro a 1ª vista, como ocurre en los valles de montaña. No lo he mirado, pero me imagino que el Jiloca irá a parar al... ¿Ebro?

Pueblos escondidos, estos aragoneses. Al contrario que en innumerables pueblos castellanos de origen medieval, donde el casco antiguo, con castillo o sin el, se construía sobre las elevaciones (objetivo: ver y dificultar el acceso en caso de bronca), estos, con antecedentes mudéjares, se valen de lo contrario, es decir de las concavidades, cañones, vallecitos, consiguiendo un efecto de ocultación asombroso (no ser visto).

Nos juntamos todos, pues, en Daroca, y tras comer, damos un paseo por la zona alta del pueblo, que merece mucho la pena. La meteoroloía es excelente, con cielos completamente despejados y temperaturas primaverales... todo un triunfo para los habitantes de la franja cantábrica.

Nos internamos por tierras fronterizas: Valle del Jiloca, Campo de Daroca, estribaciones del Sistema Ibérico. Me estimula el brutal cambio del paisaje. Pasado el Puerto del Santed, la imagen es bella: Se anuncia, entre elevaciones a izquiera y derecha de la Sierra de Santa Cruz, una gran planicie, derramando el cielo sobre la tierra, no apretándolo. Un castillo semi-derruido en un extremo, sobre Santed, y una carretera recta y en suave descenso, que más que en descenso parece en ascenso, a la gloria.

Gallocanta es un pequeño pueblo, asentado junto a la orilla Norte de la laguna a la que da nombre, de no más de 150 habitantes, uno de los cuales es un cubano de nombre Litzan, que regenta el albergue Allucant con lo mejor de los dos mundos: aplomo cubano y eficiencia europea. Las dos habitaciones, con 10 camas en línea cada una, harán las delicias de los pequeños saltarines.

paseo vespertino

La hora de la cena es particularmente agobiante, aunque dentro del caos existe un orden, incluso en los caos que provocan 12 niños de entre 1 y 8 años. Como nota curiosa y entrañable, para uno que era seguidor de la serie, apuntar que en este albergue se celebra anualmente una Kedada de los fans de "Dr. en Alaska" ("Northern Exposure"), mítica serie que programaban en La 2 hace años.

El sábado hicimos una intentona de entrar en El Monasterio de Piedra: llegamos hasta el parking y nos dimos la vuelta. Demasiada gente. Bastante estrés teníamos ya con las cenas en el albergue. Pablo pinchó en el mejor lugar, justo frente a la laguna de Zaida, que anegan y secan sucesivamente cada año.

Decidimos mover nuestros culos a Jaraba, donde se nos prometía ambiente relajado y posibilidad de paseos campestres. Hicimos un paseo entre dos balnearios, Sicilia y Serón. Tras la comida en un parque entre el río Mesa y las paredes del desfiladero, hicimos un ascenso extremo por una canal hasta un mirador desde donde se veía la entrada al cañón y el propio pueblo.

Tras cafés y cañas en la terraza del balneario, pensamos acercarnos a Molina de Aragón, que sorprendió agradablemente a más de uno. Los paisajes que atravesamos, entre Zaragoza, Teruel y Guadalajara, no dejaron de maravillarme. Molina tal vez esté algo desvencijada, así nos lo pareció, pero Castilla la Mancha es muy grande y en Toledo igual la consideran aragonesa... El castillo (s. XIII) merece mucho la pena, en cualquier caso.

Por la noche, la media luna se dejaba ver sobre la gran claraboya de la habitación, e iluminaba los primeros sueños de Aimartxo. Yo, por mi parte, hasta pude tomarme un par de txupitos de patxa con un par de amigos. Aquella noche, además, los compañeros catalanes estaban contentos.

El domingo, las nubes debían seguir por Donosti, en las tierras esteparias la primavera carecía de recortes. Se mostraba rotunda. Debíamos dar la vuelta a la laguna, no era cuestión de pasar allí el finde e irnos a ver Dynolandia. La presión turística era inexistente, se ceñía a nosotros. Tal vez, en Gallocanta ocurra como en Irati en otoño; que la afluencia masiva se concentre en unos pocos meses. El recorrido en coche no ofrece problemas, pues las pistas (señalizadas) son de bastante buena calidad. Eso sí, informarse, porque si hay zonas anegadas y embarradas, uno se puede quedar atrapado.

Tras el paso por el Centro de Interpretación (se prevé la inauguración del nuevo, cerca del albergue, para la temporada de grullas-octubre), llega la hora de la comida, que celebramos en el área de "Fuente de las Haces". Fue nuestra última actividad juntos. Los niños recogieron la comba, y los mayores a sus niños.