viernes, 24 de junio de 2011

El tubo de la tortura (vivac # 4). Mick Fowler, Desnivel 300



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Desnivel es la mejor revista de montaña en España, y en junio ha llegado al número 300. Es un cuidado ejemplar, recomendable por textos y fotos.

La que pego a continuación, es una de esas historias míticas, pero a la vez reales, de grandes ascensiones con sus terribles y surrealistas trances. Cuando leo una de estas aventuras alpinísticas en la cama, o en un banco del parque, no se si catalogarlas como ciencia-ficción o como terror:


“El tubo de la tortura, noche en el Tawoche. Esta foto me trae recuerdos sorprendentes de la peor noche de toda mi vida. Pat Littlejohn y yo estuvimos cuatro días escalando el contrafuerte noreste del nepalés Tawoche en 1995. El tiempo era horrible y pronto se haría de noche. El terreno era escarpado y difícil, y estábamos obligados a encontrar un lugar donde pasar la noche. Pude ver lo que parecía ser una pequeña cueva unos 20 m más arriba. Con los últimos minutos de luz del día, Pat se dio unos pasos delicados por terreno mixto para llegar a ella. Me aseguró, llegué hasta él y nos quedamos atónitos mirándolo juntos. Ahora el viento aullaba y nos arrojaba violentamente nieve a la cara. Lo que había era algo muy inusual: en un trozo de hielo se había formado un tubo de hielo de 45 grados aproximadamente y 1 m de diámetro, que se estrechaba por dentro. Estaba claro que cómodos no íbamos estar, pero sí al menos parecía que su interior frío y en calma podría protegernos de la intemperie. Entré en el tubo, hice las contorsiones necesarias para meterme en el saco y me deslicé hacia la parte plana de abajo. Ahí abajo se estaba mucho más apretado y sólo podía darme la vuelta con mucha dificultad. Pat también se metió en su saco de dormir y empezó a pasarme el infiernillo, comida, sus botas y otras cosas. Casi habíamos acabado cuando el viento debió de cambiar de dirección. De repente, a pesar de que Pat medio bloqueaba la entrada, la nieve polvo empezó a meterse dentro del tubo. Era como si un bombero estuviera apuntando su manguera hacia nosotros, ¡y lo estaba llenando muy rápido! La sensación de claustrofobia me aterró. Casi con pánico le pedí a Pat que bloqueara la entrada de alguna manera mientras yo trataba de vaciar sus botas de nieve y desenterraba las otras cosas con las manos desnudas. Recuerdo en particular que tardé mucho en encontrar el quemador. La nieve se metió en mi saco así que me salí y lo guardé. Como pudimos volvimos a meter todo en las mochilas y pasé la noche luchando contra la claustrofobia y el frío encajado en una sección de 0,5 m de diámetro, mientras que Pat estaba más ancho pero inclinado 45 grados y con la tela de la tienda sobre su cabeza. Con mis movimientos por escapar de mi infierno claustrofóbico, pasé gran parte de la noche tirando de la tela de la tienda lo que significaba que estaba colgando del cuello de Pat. Cuando lo comentamos, estuvimos de acuerdo en que ninguna otra noche se podría comparar con ésta”. Mick Fowler.

1 comentario:

eresfea dijo...

Agobia sólo con leerlo.