Tiene Vallecas, más allá de la M-30 y de esa frontera invisible que muchos madrileños aún cruzan con cierto recelo, una transformación que no termina de creerse a sí misma. Se levanta entre grúas, solares que fueron descampados y naves que aún huelen a aceite industrial, como si el barrio estuviera probándose un traje nuevo sin querer quitarse del todo el mono de trabajo... (del ABC, me lo pasó Javier)
No sé por qué la gente se extraña cuando les digo "que vamos a Vallecas" a pasar el puente. No en vano soy de barrio, he leído "La ciudad infinita" de Sergio Fanjul, Bea el de los "toldos verdes", hace poco hicimos la travesía de Barakaldo a Sestao y, como decía Pata Negra, es "donde vive la gente" (la gente anónima, como tú y como yo).
Vaya, que me gustan los barrios. Y Vallekas es "el barrio de los barrios", así que
pallá que nos fuimos.