Tiene Vallecas, más allá de la M-30 y de esa frontera invisible que muchos madrileños aún cruzan con cierto recelo, una transformación que no termina de creerse a sí misma. Se levanta entre grúas, solares que fueron descampados y naves que aún huelen a aceite industrial, como si el barrio estuviera probándose un traje nuevo sin querer quitarse del todo el mono de trabajo... (del ABC, me lo pasó Javier)
Vaya, que me gustan los barrios. Y Vallekas es "el barrio de los barrios", así que pallá que nos fuimos.








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