jueves, 27 de marzo de 2008

La Rioja: De rebajas, turismo y bautizos


12 y 13.01.08 Hacía unos meses, en una reunión con los amigos, Yolanda hablaba de las rebajas que hacen anualmente cada enero. Tengo la práctica (me viene muy bien, la verdad) costumbre de apuntar cosas de estas en la agenda de mi “móvil para adolescentes” (es que yo pensaba que mi móvil era para gente hecha y derecha, y me voy encontrando a adolescentes escuchando en él a Camela por las esquinas), y esta la tenía apuntada. Llamo a Enzo para decirle que nos interesa el plan, y justo ellos iban a ir el mismo finde también. Lo que no he dicho es que el plan ya venía marcado como de fin de semana porque el domingo teníamos celebración del bautizo de Ángela en Logroño.
El sábado temprano nevaba en Iruñea. Nos hacemos un par de llamadas, otras tantas a Tráfico. La A-15 es lo que me preocupa. La cosa no pinta seria y salimos; pasado el Perdón el tiempo es esplendoroso. ¿Desde entonces hace buen tiempo? (estamos a finales de febrero y una persistente “A” se escribe sobre nosotros).
Pasamos, en caravana, cerca de Dicastillo. Circulamos por una bonita carretera, paralela a la que hubiéramos tomado de haber ido directos a Logroño.
A Arnedo se llega en descenso, por tanto no lo ves hasta que estás encima. Los polígonos rodean al pueblo. Me fui dando cuenta, durante la mañana, de compras, que realmente se trata de una potencia española en esto del calzado. La parada y fonda la hacemos en el Restaurante “Joselito”; menú del día con buen servicio.
Tras la comida, las amatxos van a por los coches y los aitatxos, andando y con las sillitas polígono para arriba, en busca de las compradoras compulsivas. Cómo disfrutaron de las compras, de los cuasi-chollos de estas rebajas. Al final, por nuestra parte, cayeron (dejadme hacer memoria) tres o cuatro pares de calzado, para Aimar y para Eider.
A última hora de la tarde ponemos rumbo a Ezkaray, donde tenemos alojamiento en el Albergue que nos fue recomendado a su vez por los padres de Uxue. Dicho Albergue se llama “Posada Real” y antiguamente fue fábrica de tapices. Es un vasto edificio en forma de L, sito a la entrada del pueblo, pero muy cerca del casco antiguo. En el otro extremo de la L se encuentra el Ayuntamiento.
Nos alojamos y, aunque es un poco tarde, aun tenemos un rato para recorrer la parte vieja, pintoresca y atractiva.
La cena en el albergue es, como el casco del pueblo, pintoresca. Nos sentamos en las mesas del bar y no de la sala del restaurante (en realidad es una separación virtual a base de biombos). El caso es que tenemos que hacer “los pedidos” en la barra y no a las camareras, pero el caso es que nos toman mal las notas, y bueno, no se… lo pasamos bien; Bea lo contaría perfecto.

Cansamos un poco más a los niños (y vicereversa) y dormimos medio bien.
Tempranito me levanto y me escapo a correr. Esta vez lo he conseguido: Prueba superada. El recorrido que había preparado mentalmente me sale a pedir de boca: Subo por la carretera hasta la ermita de San Esteban, con unas preciosas vistas sobre la Demanda (“NordSanLorenzowand” destacando en el paisaje). Subo la sony y voy sacando fotos. El descenso en picado sobre el casco de Ezcaray es por un bonito sendero de tierra y hierba. Como referencia para interesados, diré que el sendero se coge justo frente a la discoteque “Oropesa” (creo recordar).
Tras desayunar en el albergue, Alberto, Yolanda e Irati se quedaban por la zona, y nosotros al bautizo. Escuchamos la SER por la carretera.
Y después, pues el bautizo en la Iglesia del Cubo, el barrio donde viven Fernando y Esther. Una hora haciendo tiempo con los lolitos bajo la fría atmósfera de esa mañana de enero. No se si fue esta interminable espera o la carrera mañanera lo que me tuvo en cama con fiebre un día entero.
La comida fue muy agradable; consistió toda ella en primeros platos, y está mal que yo lo escriba, pero imar fue el Rey de la fiesta, desplegando toda su innata y descomunal simpatía.

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