lunes, 15 de agosto de 2011

Senda del Oso. Valles de Quirós-Proaza, Cordillera Cantábrica


Senda del Oso. Valle de Quirós, CC from imunain on Vimeo.


A primera hora bajo a Tuñón al encuentro de Ástor, del Centro de BTT Valles del Oso. Me sube en la furgo y el remolque con las 4 bicis hasta el albergue de Arroxo. A medida que remontamos el valle, me va contando un poco sus penas (mentalidades, politiqueos, falta de presupuestos... ) y lo cuesta arriba que se pone todo en estos tiempos. A pesar de todo ello, las perspectivas parecían buenas; con ideas y empuje estos valles tirarán palante.

Lo de Valles del Oso es una marca turística que se abre paso más o menos difícilmente en el complicado mundo de la oferta turística de montaña. De Asturias nos quedamos el 99 % de las veces con la marca Picos de Europa. Como siempre, unos pocos focos lugares se llevan la fama, y el resto a luchar como puede y tratar de hacerse un hueco. Uno de los argumentos más fuertes de la zona (confirmado por Ástor) es precisamente la vía verde de la Senda del Oso, que tiene forma de Y, donde: la "\" es el valle de Quirós, la "/" es el valle de Teverga, y la "|" es el valle de Proaza. Cada año recibe más visitantes, sobre todo en el tramo donde viven Paca y Tola, dos ejemplares de oso pardo cantábrico rescatados de una madre matada a manos de un furtivo hace años. Pero se enfrenta al problema del mantenimiento, el cual no se ejecuta con la diligencia que obligaría esta afluencia y esta fama. Como otras muchas veces en España, aquí se funciona a golpe de accidente, cuanto más grave "mejor" para emprender las mejoras necesarias en una ruta de montaña tan larga y con tantos elementos externos que la van deteriorando.

En cuanto a Quirós, que es donde nos alojamos (entrañable experiencia): ¿qué ofrece? Nada espectacular que se pueda llevar un titular, una luz de neón, pero sí muchas pequeñas cosas que, juntitas, dejan un sabor de profunda satisfacción.

Una atenta cocinera para nosotros solos (¡es la 1ª semana de agosto!),
una sidrina a media tarde,
encontrarte con tres mastines que vienen de frente mientras corres antes de la hora de desayunar,
los paseos nocturnos con Dobra después de las copiosas cenas de Tere,
la calma y cordialidad de Coque, 
la iglesia románica del pueblo,
una bella montaña, Peña Rueda, señora del valle, que me/nos obligará a otra visita, 
la cordialidad de todos con los que nos relacionamos,
los innumerables hórreos,
el encanto de Bermiego, su tejo y su telón de fondo,
la soledad en Lindes; saber que por aquel bosque trastean lobos y osos,
salir de las sombras y bañarse en luz (las Xanas), 
fotografiar una gran montaña que hasta entonces sólo la había visto en revistas,
leer un montón de números de Campo Base
el paseo familiar en bici, bajando todo el valle,
mirar y remirar las montañas de alrededor (de eso nunca me canso),
seguir durante más de un minuto el vuelo de un alimoche (... )


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