miércoles, 16 de abril de 2008

Una mañana en el Valle de Araitz

En las noticias del tiempo te ponen nublado, con lluvia; ya te haces a la idea de que no va a dar para mucho la cosa. Pero luego, los lolos te levantan a las ocho (con suerte) porque tienen que ver Heidi mientras engullen el “darirón”, y ves por la ventana que está todo azulito…
Hoy hemos ido a ver a los primos navarros, a Mattin y a Lierni. Les había encargado unas naranjas de las de internet, y no quería que se pudieran pasar por esperar a que vinieran ellos. Y era hora de poner en práctica todo lo aprendido en los sucesivos, repetitivos pero entrañables visionados de Heidi y sus andanzas por los Alpes centrales. Nosotros no hemos llegado tan lejos, ni falta que hace para pasar un domingo por la mañana. Lo nuestro ha sido pasear por los prados bajo Elosta y frente a las bellísimas Malloak, aún más adornadas por un escueto manto de primaveral nieve.
Después de dar de comer a los chavos, salimos a pasear por la pista que sube hacia el collado que separa Lezaeta de Betelu.

Pensaba yo que la escena esa en la que Pedro/Peio baja a recoger la ropa de Heidi, que está como a un kilómetro, y vuelve con ella hasta el baserri de el abuelo/aitona, todo ello en unos 6”, era algo exagerada, pero el amigo Mattin, el Peio del Valle del Araitz, no le anda muy lejos. He tenido la deprimente sensación, en un amago que he realizado de perseguirle corriendo por un prado, de que JAMÁS lo alcanzaría.
Un precioso paseo frente a Malloak, uno de eso paisajes tan bellos que mientras lo estás mirando, ya te está dando pena del tiempo que va a pasar hasta la próxima vez. Las mejores cosas, como disfrutar de un paisaje como este, o ver a los niños contentos correteando por al hierba, son gratis.

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